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Ya hemos conseguido un primer objetivo: encontrar a alguien que nos gusta, con quien nos sentimos bien y con quien nos estamos planteando seriamente formar una pareja o, simplemente, consolidarla.
Os vamos a proponer tres ingredientes que suelen ser infalibles para que una pareja pueda mantenerse en el tiempo de manera satisfactoria para ambos:
a) Respeto, que significa no causar daño a la pareja, ni físico, ni emocional, ni psicológico.
b) Aceptación, que supone el compromiso personal de admitir a la otra persona como es, sin reproches ni exigencias.
c) Generosidad, recíproca, pues las relaciones se consolidan con lo que ambos se aportan mutuamente.
Cuando ambos miembros de la pareja desean que funcione la relación, intentan hacer todo lo posible por aclarar situaciones conflictivas, sin que se enquisten o prolonguen. Así evitan que años después, y sin motivo que lo justifique, vuelvan a ponerse sobre la mesa aquellas cuestiones que no se solucionaron en su debido momento.
De esta forma, por muchas situaciones difíciles externas que le puedan ocurrir a la pareja, uno siempre tendrá la sensación de estar cobijado, de que hay un lugar donde sentirse seguro y estar en buena compañía. Si bien los problemas son inevitables, es responsabilidad directa de los dos miembros de la pareja crear ese espacio en el que sentirse fuerte y buscar soluciones conjuntas. Vamos a tener en cuenta las siguientes pautas para ver cumplido nuestro objetivo:
Saber resolver un conflicto es una habilidad necesaria para la solidez de una pareja. No resulta sencillo, porque el aprendizaje generalizado no se centra en la solución de problemas, sino en la manera de evitarlos. Por eso, cuando inevitablemente surgen problemas en el entorno de pareja, disponemos de escasos recursos para afrontarlos. Nuestras recomendaciones para dar carpetazo a una situación desagradable -y así poder avanzar en la relación y tener mayor complicidad con la pareja-, es la siguiente: no imponer el propio criterio y no humillar ni permitir vejaciones a la propia dignidad. Decir ciertas palabras o hacer ciertas cosas de las que uno pueda arrepentirse no hace más que añadir dificultad, magnificar e incluso dañar seriamente la relación. Tal vez con algo más de autocontrol y análisis objetivo de la situación podemos resolver los desencuentros y dificultades en mucho menos tiempo, y evitar así malentendidos o el deterioro definitivo de la relación.
Aprender a querer de una forma sana supone no perder la propia identidad y autonomía, sino más bien potenciarla y ayudar a nuestra pareja a que también lo haga, en el marco de un concepto de pareja basado en la reciprocidad, la confianza, el respeto y el crecimiento conjunto.